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Estado de las pieles

Sensibilidad

La sensibilidad dérmica es una condición de cualquier tipo de piel, cuya función de la barrera natural de la piel está deteriorada, y por lo tanto hay una excesiva pérdida transepidérmica de agua (PTEA) que facilita la penetración de agentes externos irritantes.

La sensibilidad en la piel puede ser de dos tipos:

- Piel sensible: Condición inherente (heredada genéticamente) que puede tener cualquier tipo de piel. Las personas con piel sensible son propensas a ruborizarse, tener asma, alergias o dermatitis. La tez es más clara, la epidermis es muy fina y por lo tanto se pueden apreciar los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de la piel. Este tipo de pieles suelen tener una epidermis muy fina, llegando incluso a una delgadez de 0,02 mm, en comparación con un espesor promedio de 0,1 mm en otras partes del cuerpo.

- Piel sensibilizada: Condición transitoria, que se adquiere debido a factores internos y externos. Los síntomas son la aparición de escamas, enrojecimiento, erupciones, hinchazón, descamación y aspereza… y todo ello acompañado de sensaciones de picor, ardor, tirantez y pinchazos. Estos síntomas aumentan por factores externos como el sol, componentes de los cosméticos, exposición ambiental, etc… o factores internos como estrés o cambios hormonales.